Llegar a ser una mujer de diálogo

por Sor Mary Reaburn

Mi compromiso cristiano y mi vida como hermana, naturalmente, están entrelazados.

El carisma de las hermanas de Notre Dame de Sion me ha llevado por caminos que no imaginaba cuando era joven. Ha ampliado mi horizonte, a medida que iba comprendiendo poco a poco las dimensiones particulares y universales de la vida y del carisma de la Congregación, que me dan vida, son un punto de referencia, una visión.

Sigo aprendiendo a ver de otra manera lo que creía entender

Este carisma, don del Espíritu Santo para el bien de la Iglesia y del mundo, es vital en este momento de la historia. Nosotras, las hermanas, ni lo poseemos ni lo controlamos, pero tenemos la responsabilidad de actuar de manera que este don se mantenga vivo y responda a las necesidades de hoy y a las diferentes culturas en las que es apreciado. No hay una definición simple de este carisma, pero mantiene unido el judaísmo de nuestro fundador (Théodore Ratisbonne) y del pueblo judío de hoy con el judaísmo de Jesús y de sus primeros seguidores; también mantiene la preocupación de Jesús y de Théodore por los marginados. Creo que tanto Jesús como Théodore aprendieron esta sensibilidad por la justicia de los profetas del Primer o Antiguo Testamento.

Mi compromiso con la justicia también se ve influenciado por la historia del pueblo judío y la forma en que sufrió en las sociedades cristianas y especialmente durante el régimen nazi. En el asesinato de judíos y homosexuales, y de otras personas consideradas despreciables, influyó una historia de sentimiento antijudío en la enseñanza cristiana. Estas preocupaciones me impulsan a trabajar diariamente por la justicia y la paz a través del diálogo.

Este carisma tiene dos expresiones principales en mi ministerio. Enseño las Escrituras, especialmente los Salmos y la Literatura Sapiencial, y participo en varios comités que dialogan sobre las relaciones judeocristianas e interreligiosas. En estas relaciones uso los dones que he recibo y sigo aprendiendo a ver de otra manera lo que creía entender. Descubro que un Salmo que estudié, y luego enseñé en clase, me sorprende más tarde porque no había reparado en un detalle que de repente tiene significado. Creo que las Escrituras son una fuente inagotable, de la que me nutro, que sigue llamándome a crecer y a desafiar mis puntos de vista limitados. En este momento, el Salmo 19 es uno de mis favoritos. Es un himno en el que el salmista se siente abrumado por el mensaje que, sin palabras, transmite la inmensidad del cielo y del sol. Lo asombroso es que, a continuación, el salmista se deja llevar por las maravillas de la revelación de Dios en las Escrituras, que vivifican el yo e iluminan los ojos. El salmista queda admirado de que tanto los cielos como el texto bíblico revelen la maravillosa presencia de Dios.

Escuchar de verdad al otro, sin esperar cambiarle, sino descubriendo que conocernos mutuamente me ha cambiado

El Primer Testamento reúne a cristianos y judíos para estudiar el texto, sabiendo que venimos de tradiciones de interpretación diferentes. Esto me ha permitido relacionarme con eruditos judíos y cristianos, así como con personas cristianas y judías a medida que aprendemos sobre las tradiciones de los otros, unos de otros. He sido miembro de la Comisión Ecuménica e Interreligiosa de la Archidiócesis de Melbourne y actualmente formo parte del Consejo Episcopal Australiano para las Relaciones Ecuménicas e Interreligiosas. He aprendido la importancia del diálogo, de escuchar de verdad al otro, sin esperar cambiarle, sino descubriendo que conocernos mutuamente me ha cambiado y me ha abierto a una forma diferente de ver. Estos diálogos me han ayudado a conocer y apreciar mi propia tradición, pues me recuerdan que hay una miríada de formas de conocer a Dios en nuestro pequeño planeta.

Así, el carisma me ha enseñado a ser una mujer de diálogo y una mujer de la Palabra. Lo expreso en mi ministerio y también en mi vida personal y en mi oración. Mi oración, y nuestra oración, es bíblica, basada no solo en textos del Nuevo Testamento, sino en textos de toda la Biblia. Me encanta el Primer Testamento o Antiguo Testamento; sus historias, su poesía, sus personajes y su sentido de Dios me emocionan y me hacen reflexionar sobre el misterio y la intimidad de los caminos de Dios con su pueblo Israel y con todos los pueblos y con las maravillas de la Creación. Cuando leo el Nuevo Testamento, veo cuán judío es y me muestra la profundidad del deseo de Dios de estar en relación con todos los que están hechos a imagen y semejanza de Dios. Escucho a un judío del siglo I enseñar y le veo comprometerse con los que le rodean, especialmente con los pobres y olvidados. Sé que lo que él entendía por “Escritura” es lo que yo conozco como Antiguo Testamento y rezo con él.

Hay una miríada de formas de conocer a Dios en nuestro pequeño planeta

Nosotras, las hermanas de Nuestra Señora de Sion, como nuestro nombre indica, sentimos un amor especial por Jerusalén. Tuve el privilegio de trabajar allí seis meses al año durante siete años y me siento como en mi segunda casa. Allí fui testigo de las relaciones interreligiosas más atractivas y, a veces, de las más destructivas. Rezo a diario para que allí el diálogo siga creciendo y floreciendo.

Siento que la riqueza de mi vida la debo al carisma. ¿Significa eso que tengo una vida perfecta? No, yo también experimento limitaciones y decepciones, como todo el mundo. Sin embargo, estoy agradecida por la visión y el carisma de la Congregación que nutren mi vida y le dan sentido. El sentido exige acción y oración. Siento que es verdaderamente una bendición estar llamada, cada día, a ser una mujer de la Palabra y una mujer de diálogo.